Por: AndreaBo
¡Hola a todos los apasionados por el sabor y nuestra historia! Soy Andrea, y hoy quiero abrirles las puertas de mi cocina y de mi corazón para contarles sobre un proyecto que me ha transformado por completo.
Siempre he creído que la pastelería es mucho más que mezclar ingredientes; es un lenguaje. A través de mis manos y de mi horno, busco contar las historias de nuestra tierra. Así nació Corazón Ancestral, no solo como una torta para un concurso, sino como un manifiesto de amor profundo por Zipaquirá y por la herencia incalculable que corre por nuestras venas.

¿Por qué crear esta torta? El llamado de la memoria
Zipaquirá es mundialmente conocida por su majestuosa Catedral de Sal, pero nuestra grandeza histórica va mucho más allá. Tenemos una riqueza milenaria, prehispánica, que a veces olvidamos en la cotidianidad. Sentí la necesidad urgente de crear un postre que nos recordara quiénes somos y de dónde venimos.
Crear el Corazón Ancestral fue mi forma de honrar a nuestros ancestros y a los primeros pobladores de esta región. Quiero que al probarla, la gente no solo sintiera dulzor, sino un profundo orgullo por nuestra identidad zipaquireña. Es un tributo a la supervivencia de nuestros saberes y a los ingredientes que se han resistido al olvido.

Del campo a la mesa: Un pacto con nuestra gente
Para que esta torta tuviera verdadera alma, no podía comprar sus ingredientes en cualquier lugar. El corazón de esta receta está en nuestros campesinos.
Cada ahuyama, esa protagonista vibrante y legado alimentario de América, es cultivada y comprada directamente a los agricultores zipaquireños. Las brevas, las semillas y las frutas locales de nuestra compota provienen de las manos curtidas y trabajadoras de nuestra misma gente, en nuestras plazas de mercado. Elegir comprar a los nuestros es un acto de resistencia y de amor. Al consumir esta torta, estamos abrazando la economía local y asegurando que las familias campesinas de Zipaquirá sigan cultivando nuestra herencia.


Diseñando la historia: Un paisaje en cada capa
El proceso creativo fue un viaje emocional. Yo quería que la torta se viera y supiera a nuestra historia.
- Los Colores y Texturas: Me inspiré profundamente en el Abrigo Rocoso de El Abra. Si observan el exterior de la torta, los colores simulan las vetas de las piedras milenarias, y la textura evoca las misteriosas pinturas rupestres que dejaron los primeros habitantes de nuestra región.
- El Equilibrio: El centro lleva una compota de fruta local, vibrante y llena de vida, que representa precisamente ese «corazón» latiendo. Aporta el color y el balance perfecto para que la ahuyama brille en el paladar.
- La Corona Natural: La decoramos con un crumble de breva, crujiente y rústico, junto con semillas de ahuyama y brotes tiernos. Es una representación visual del nacimiento de nuestros cultivos, un homenaje a la tierra fértil de nuestra tierra.
La gastronomía tiene el poder de hacernos viajar en el tiempo. Espero que cuando prueben el Corazón Ancestral, sientan el mismo escalofrío de emoción que sentí yo al crearla, y que juntos sigamos celebrando la grandeza de Zipaquirá.
Con cariño,
Andrea Malaver
📝 Notas de la Autora y Lugares Evocados
El Abra: Este es el lugar central que inspiró la estética de la torta. Ubicada en los límites entre Zipaquirá y Tocancipá, esta zona arqueológica alberga los vestigios de los primeros humanos en la Sabana de Bogotá (con más de 12.000 años de antigüedad). Sus formaciones rocosas y su energía están plasmadas en la cobertura de nuestra creación.
La Plaza de Mercado de Zipaquirá: Es el epicentro vivo de nuestra cultura. Es aquí donde encuentro la ahuyama más fresca, las brevas perfectas y donde me conecto con los campesinos que hacen posible esta magia. Es el punto de partida de toda nuestra inspiración gastronómica.

